Biósferas dialogantes

le debo la identidad pública como columnista. Y por la tarde, junto con la antropóloga Marta Saade, en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia haría el lanzamiento del libro “Historias de territorialidades en Colombia, biocentrismo y antropocentrismo” de Patricia Vargas Sarmiento. Lo escribió para hacer un balance de sus trasegares interdisciplinarios muy marcados por contratos con organizaciones estatales de base y no gubernamentales.

Naranja agria

Poeta urbano o pornógrafo misógino, Maluma hace parte del auge de las industrias “naranja” o culturales. Al éxito de ellas contribuye “Yo me llamo”, entre otros programas de televisión que les muestran a niños y niñas que la de cantante es una profesión deseable. Otro aliciente son las políticas del Ministerio de Cultura consistentes en convertir a la cultura —o su lado estético— en fuente de desarrollo económico.

Naranja agridulce

Debido a “Herencia de Timbiquí” hoy ese puerto del Afropacífico caucano hace parte de las músicas del mundo. El eje del ensamble artístico consiste en marimba, cununos, tambora y guasáes, fusionado con cobres, batería y teclado electrónico. A los músicos los acompañan estilistas, fotógrafos y relacionistas públicos, una verdadera industria naranja que en parte inspiró al corregimiento de San José y al Consejo Comunitario Amanecer Negro para que le formularan al Ministerio de Cultura un proyecto alrededor del mismo eje, pero con énfasis en ramas que se desprenden del mismo y realzan su sentido.

Naranja jecha

Otro emprendimiento cultural con el cual sueñan los afrochocoanos gira alrededor de la botánica. De los 29 proyectos que consejos comunitarios, instituciones educativas y alcaldías le presentaron a la convocatoria 2017 del Programa Nacional de Concertación Cultural, la tercera parte se refiere al rescate y conservación de plantas útiles para la alimentación o la sanación de las personas.

El diálogo añorado

En la última sesión de mi seminario “Aportes Afrodiaspóricos”, una defensora de derechos humanos habló sobre el recorrido que hizo por el pacífico nariñense. Registró quejas por presiones de la insurgencia: la primera, para que las comunidades negras abandonen el supuesto embeleco por defender territorios colectivos y opten por el dominio individual campesino, y la segunda, para que reemplacen sus consejos comunitarios por juntas de acción comunal. Constató que los guerrilleros sí han dejado de disparar sus armas, pero aún las portan con su poder intimidatorio.

¿Ecoparque?

La nota que RCN Televisión realizó sobre el ecoparque de El Rocío dice que será de “1.200 hectáreas alrededor del embalse de San Rafael, ubicado en el municipio de La Calera y que provee el 70 % del agua de los capitalinos. Con este parque el distrito de Bogotá pagará la deuda que tiene con este municipio cundinamarqués desde hace más de 20 años por la inundación que se generó con esta represa forestal (sic)”.

Chontaduro y esperanza

En 1987, vendedoras de chontaduro del Distrito de Aguablanca en Cali comenzaron a desarrollar proyectos de estética plástica, musical y danzante. Como la palma de chonta está en riesgo, hoy crece el simbolismo del nombre que le dieron a su organización, Casa Cultural el Chontaduro. En el Chocó ya no se consigue esa delicia de la alimentación tradicional, con efectos devastadores para la identidad del Afropacífico.

La generación del destierro

“El pueblo negro no se rinde, ¡carajo!” es más que el aglutinante de los paros que tuvieron lugar en Buenaventura y Quibdó en mayo y junio de 2017. Tiene que ver con la insumisión mediante la cual africanos y africanas subvirtieron la esclavización y su consecuente pérdida de libertad. El mismo espíritu guía la reconstrucción personal y colectiva que ha llevado a cabo la gente negra desterrada de sus territorios originales.

En Encierro de Córdoba

Un don de mi vida han sido las enseñanzas del líder agrario Jair Londoño Torres (1925-2015). Fue mi maestro sobre la historia de La Violencia en el Quindío, y de la lucha de los “colonos de Río Verde” por la propiedad de la hacienda Bellavista en el municipio de Córdoba. Falleció un año antes de que tuviera lugar uno de los actos más esperados en su vida, la firma del Acuerdo de Paz en el Teatro Colón. Como artista tallador, desde 1987 había concretado esa añoranza en su Monumento por la Paz, templete de un metro cúbico y cinco pisos que construyó pegando ladrillitos hechos en guadua.