Alcaraván

He pasado la noche casi en vela, con la imagen de mi amigo José Antonio Umaña en una clínica, con tubitos en los brazos y la nariz, respirando con dificultad. La mirada lejana. Espero que me haya oído cuando le agradecí su sentido del humor, pero en especial la tenacidad con la cual ha superado las dificultades que se le han presentado. “Por su fortaleza, usté siempre ha sido guía, Alcaraván compañero”, fue mi despedida.

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